miércoles, 13 de enero de 2010

Modelnos de mielda.

Parece que aún queda mucho por inventar, el arte, la moda, la música, los ideales... pero son reciclados década tras década. La originalidad y la creatividad se basan en simple repetición de tendencias pasadas, innovar es un lujo que está al alcance de muy pocos. Visionarios que reinventan estilos.

Es muy sencillo; pantalones pitillo hasta los sobacos, plataformas psicodélicas, tirantes, camisas de cuadros, jerseys de rombos, gafas de pasta a lo Clark Kent, medias de colores, maraña de pelo o pelo corto nos convierte en los seres andróginos por excelencia.
El más moderno es el que habla retocando cada frase, usando términos casi extinguidos, haciendo que el de en frente parezca un ignorante por no saber quién es quién. Esta pedantería lapida al analfabetismo, al menos en apariencia... y eso no se si es un punto a favor o en contra.
Visitar las tiendas de segunda mano, pasear por la Gran Vía con un recipiente de Starbucks en la mano o pasar las tardes en cafés y tascas de estilo vintage te hace subir un escalón en la complicada pirámide social.



Alguno pensará... "qué hipócrita es esta chiquilla", cosa que debo negar, pues esto no es un texto con un fin concreto, no pretendo humillar a nadie, ni lucirme con un pequeño discurso o ensañarme con una forma de vida como otra cualquiera.
Además, yo también desayuno en Starbucks, me pongo medias inspiradas en Agatha Ruiz de la Prada, uso palabrería ridícula, escucho a los Beatles, llevo ropa de segunda mano y uso gafas de pasta sin ser miope.






lunes, 11 de enero de 2010

Naranja imberbe.

Poco a poco se fue apagando la llama, poco a poco dejamos de ser uno para ser dos, tres o cuatro y poco a poco empecé a recuperar el control de mi vida.
Tú me apartaste sutilmente de tus planes, yo te eché a patadas de los míos.
Han pasado unos meses, y creeme, no he sentido ni un ápice de nostalgia, aunque realmente no creo que lo haga nunca. Si lo hago me apagaré un cigarro en la mano.

Con suerte y algo de ayuda -todo hay que decirlo- mis sentimientos hacia tí tuvieron una muerte rápida e indolora. De la noche a la mañana pasaste a un último plano y en contadas ocasiones entrabas en escena. Hasta yo me asustaba de la poca sensibilidad que mostraba... y estoy siendo generosa.
Mis hombros se relajaron, pues estaba libre de carga, cargos, culpa y sobre todo, lastre. Era libre, cual pájaro. Y este pajarillo voló muy, pero que muy lejos. Dos días más tarde estaba durmiendo fuera del nido -detalles y bromas aparte.

Siempre he creído que de todas las personas se puede exprimir algo de jugo, manteniendo el equilibrio del organismo de una forma agria, dulce o agridulce, pero esta vez tengo que retractarme... Y es que, bonachona de mí, te he dado la oportunidad o he perdido el tiempo de devanarme los sesos y quemarme alguna que otra neurona en busca de algo que mereciera la pena de tí y no he encontrado nada beneficioso. Sólo has conseguido cortarme la digestión.

A modo de halago debo decir que echaré de menos las íntimas, pasionales e "instructivas" escenas de cama, a modo de insulto tengo que añadir que será lo único que eche en falta.


Sí, soy una tipa muy dura.

sábado, 9 de enero de 2010

Yo nací para ser una estrella.

Me pongo gafas para parecer más interesante, tanto o más que Risto. Llevo una dieta tan buena como la de Janet Jackson. Soy tan hipócrita como Mercedes Milá, que lleva camisetas antitabaco y fuma entre bastidores. Al igual que la Obregón, meto tripa al salir por la puerta y poso en la orilla del mar con un bikini que no deja lugar a la imaginación. Sueño con ponerme un Versace azul pitufo, enseñar una liga roja y atragantarme con una uva delante de las cámaras como Belén Esteban. Añoro tanto el glamour como Ana Rosa, pero tengo la piel tan tersa y soy tan elegante como la Preysler. Me invento términos y realizo ritos satánicos (muy divertidos) como Jodorowsky. Canto tan bien como los triunfitos. Tengo tanta chispa y reboso tanta gracia como Paz Padilla. Y si a la Patiño no le tiembla ni el pulso ni la voz al insultar a alguien, a mí tampoco.



jueves, 7 de enero de 2010

Prototipo "popurrero".

Levantarse una mañana y sentir calor, color en los mofletes y brillito en los ojos. Lanzar una moneda al aire y ver la cara esperada. Deshacerse de todo complejo, culpa o lastre de cualquier tipo. Abrazar la locura transitoria y disfrutarla sin vergüenza alguna. Reírse de uno mismo. Premiar siempre con una sonrisa o un comentario oportuno. Cruzar la delgala línea que separa lo real de lo absurdo. Querer perder el tiempo en algo productivo a plazos indefinidos. Acumular trastos inservibles. Leer libros y revistas técnicas fingiendo entender cada uno de los vocablos que componen sus páginas. Creerse un intelectual y padecer diarrea verbal. Darle la mano a la autorrealización y la autoexigencia pasiva. Reflejar en el espejo lo deseado. Ser tan obtuso pero a la vez ir tan sobrado que dar explicaciones resultaría ofensivo. Vestir una honestidad y una modestia insultantes. Contradecirse hasta el ridículo y perder la poca credibilidad de la que puede presumir el ser humano. Aceptar o tener ideas idiotas. Beber hasta perder el conocimiento y pasar la noche con extraños. Vivir en un completo desorden. Desechar todo recuerdo inútil. Seguir adelante... como los de Alicante.




-¿Qué?

domingo, 3 de enero de 2010

3 de Enero.

Hay que ver lo mucho que me cuesta hablar de cualquier tema que requiera afirmaciones y opiniones convincentes y certeras.
Aún recuerdo aquellos tiempos taaan lejanos en las aulas, cuando me pedían que escribiese una redacción sobre cosas que ni conocía o debatiese sobre temas que ni siquiera entendía.En concreto era incapaz de describir lo que era para mí el amor, la culpa, la moral o la justicia... en fín, esos temas, tan abstractos y obtusos en mi cabeza, eran la palabrería preferida por las religiosas para educar sin éxito a los salvajes que tenían por alumnos.

A día de hoy, creo que sigo siendo incapaz de definir lo que es para mí algo tan universal como el amor o el odio y me parece que seguiré siendo incapaz durante mucho tiempo, ya que he optado por infravalorar esos sentimientos tan cursis, detestables y sobre todo, prescindibles.


Por cierto...
Feliz aniversario.


viernes, 1 de enero de 2010

Con el rabo entre las piernas.

He sentido una necesidad imperiosa de reabrir mi blog, no sé si por voluntad propia, por persuasión o por el sentimiento de culpa que me envolvía por privar a mis "asiduos" de las palabras que explican mi curiosa forma de ver y vivir el mundo.

Otra posible razón por la que vuelvo a los ruedos es el comienzo de este nuevo año. Sinceramente, el 2009 ha sido un año realmente duro para mí, por diversos temas que prefiero no mencionar... por respeto, por vergüenza o por el simple recuerdo que prefiero enterrar.


He tenido mucho tiempo para pensar, tiempo para cambiar y sobre todo mucho tiempo para divertirme. (Pero mucho mucho tiempo, ¿eh?) Y me he sorprendido a mí misma descubriendo la facilidad que tengo para olvidar las cosas y seguir adelante, contra todo pronóstico y mal augurio.


Las buenas costumbres nunca se pierden, y es que seguiré siendo una persona pesimista y absurda, pero añadiré más aliño a la ensalada y me dejaré seducir por el espíritu del buen vivir, el buen comer y el buen beber.


Por otro lado, podría decir que mi retorno se debe al aburrimiento absoluto , pero eso no me lo creería ni yo.


Feliz año nuevo.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

En busca de la Felicidad - Parte I

Lo veía difícil, pero no como una misión imposible. Nunca entendió del todo el concepto de Felicidad, pero lo configuraba como un estado placentero provocado por un conjunto de alegrías y satisfacciones en el que el individuo gozaba de un equilibrio inimaginable pero no eterno.





Su visión, casi siempre negativa, del mundo le hacía mostrar una personalidad sombría y unos estados de ánimo apagados. - A excepción de algunos momentos de enajenación mental y claro trastorno bipolar. –



La apatía le dominaba desde tiempos inmemoriales y en pocas ocasiones le permitía “desmelenarse” en alguna fiesta.

Pronto empezó a pasar desapercibida y pasó de un segundo a un décimo plano, a ser una pieza inútil en el puzzle de las complicadas relaciones sociales.

Cada vez aportaba menos en las reuniones, quizás por desinterés o porque realmente no tenía nada que aportar.





Tenía constantemente un sabor agridulce en la boca, y es que la sensación de no tener apoyo o no estar reconocida le invadía el cuerpo. Sus obligaciones eran cada día menos reconfortantes y sus hobbies menos gratificantes aún.

La ilusión y la emoción, cuando empezaba algo nuevo, la devoraban. Y era esa ilusión tan grande y tan feroz la emoción, que no tardaban en consumirla y despertarla cada mañana con una pequeña dosis de frustración a golpe de tambor.



No aceptaba piropos insulsos y mucho menos frases prefabricadas en series de televisión o canciones ñoñas de “cantantes” españoles que van de románticos.

Pocas veces podía ser arrollada y quedarse con la boca abierta y sin palabras si no era con ingeniosos cumplidos o enmascaradas pero cortantes críticas.

No era difícil que se hiciera pequeña con una sola mirada despectiva o que se hiciera grande con sutiles halagos.



Podían pisarla en un descuido y aplastarla como a una hormiga o podía pisar ella sin pensarlo dos veces y hacer puré a su “agresor” a golpe de un martillo de tres metros de diámetro.





Experimentaba provocando emociones en los extraños. Era la curiosa tipa del metro que se sentaba delante de sus víctimas y las miraba fijamente con una inexpresión en la cara que rayaba lo paranormal y se reía de sus sonrojos o se asustaba con sus guiños cargados de picardías y sus miradas lascivas.



No soportaba cruzarse con algún desconocido y creer ver algún fantasma del pasado - “Los fantasmas no existen” se decía. -

Pero el temblor de piernas y labios no se los quitaba nadie.





A menudo se sorprendía pensando en cómo sería la vida en París, Londres o la gran ciudad de Nueva York. Pero sabía que con la poca iniciativa que tenía y la mala suerte que la perseguía no muy lejos iba a llegar.





No era antisocial y no padecía ningún tipo de enfermedad que la llevara al aislamiento, pero, aunque no disfrutase del todo con ella, prefería la soledad.



No esperaba ningún trato especial por parte de sus más allegados, no se sentía una persona que fuera imprescindible en la manada o que tirara del carro con fuerza, pero alguna vez echó en falta el interés que muchas veces sobraba por parte de sus “novietes” y sus amigos.



La confianza que había puesto en muchos se fue evaporando, hiciera frío o calor, incluso la que tenía sobre sí misma se esfumó por completo y la sumió en un estado de hostilidad permanente sin posibilidades de negociación.





Poco a poco fue perdiendo la cabeza, pero nunca perdió la esperanza de encontrar el momento y el lugar donde plantar su semillita y alcanzar ese estado de realización y bienestar máximo que todos llaman "Felicidad".







Gracias a los que me leéis y sois asiduos a mi blog.

jueves, 12 de noviembre de 2009

¿Para qué la corbata?

8:00 a.m: Suena el despertador tres veces seguidas. A la cuarta lo apago y me levanto con tal desorientación y tanta prisa que me mareo. Por supuesto, me caigo al suelo.



8:10 a.m: Ducha. Champú, gel y espuma. Potingues en el pelo con el único fin de hacerlo crecer a velocidades de vértigo y la modesta intención de parecer una hippie.



8:30 a.m: Preparo el desayuno. Cereales o galletas, acompañados de un vaso de leche bien caliente y “colacado de bilbado” de toda la vida.

Me siento delante de la mesa y me sirvo también mi dosis de medicamentos; jarabe para la tos, antibiótico para curarme de todo espanto, inyección de ironía y sarcasmo, y un ibuprofeno para el dolor de cabeza y la jaqueca que me provocan las vidas y penas ajenas.



9:00 a.m: Mierda, llego tarde a clase.



9:10 a.m: Con la policía, la guardia civil y el ejército de tierra, mar y aire pisándome los talones, y a más de 200 Km/h por la -más que necesitada de obras- M-607, llego a la universidad, finalizando con éxito mi huída de las autoridades.



9:25 a.m: Tras insufribles, desesperantes e interminables minutos buscando aparcamiento cerca de mi facultad opto por dejar mi todo-terreno / cuatro-por-cuatro o coche-pulga para los amigos en medio de la acera respetando el código de circulación por encima de todo.



9:25 a.m – 13:40 p.m: What I’m doing here? ...

... Ni puta idea.



14:00 p.m: Preparo mi plato minimalista. Un tomate, una hoja de lechuga y media nuez. De postre: una tarta de 4 kilos, repartidos a partes iguales entre mi par de patas de alambre, mis dos hemisferios cerebrales o las gemelas.



15:00 – 22:00 p.m: Gustosamente doblo ropa y ordeno zapatos en Decathlon.



00:55 a.m: Ojos como brótolas en las cuencas se cierran hasta que la corneta suena otras tres veces y me golpea en la cabeza una cuarta.

Te preguntarás que ocurre en el intervalo de tiempo de 22:00 a 0:55. A lo que te respondo… ¿Y a ti que te importa?





En fin, esta es o era mi rutina. Y digo era, porque este barco ha cambiado de rumbo, ha tomado otra dirección hacia otro puerto que por el momento, permanece a la espera. Por ahora, el solitario capitán está bien a la deriva y en mitad del océano.





El cambio está presente en el día a día, pero cuando es demasiado brusco puede llegar a crear una esperanza e ilusión de tal magnitud en la persona que toma una decisión que llega convertirse en incompetencia o, por otro lado, generar ansiedad en alguien que, desgraciadamente, no tiene ni voz ni voto respecto al papel que le toca representar.





Ya va siendo hora de ponerse serios.







martes, 10 de noviembre de 2009

Momento de duelo y silencio.

Decir adiós es algo muy duro, claro que nadie dijo en ningún momento que fuera plato de buen gusto. La muerte forma parte de la vida y debemos hacernos a la idea.
Decir adiós es duro cuanto es repentino, cuando es inesperado, cuando es definitivo... Es duro cuando quedan cosas por hacer y no se ha dicho todo o no se ha dicho nada.

Sería más facil y llevadero si fuera creyente, puede que hasta me arrepienta de no serlo. Sería más fácil si creyese en divinidades, en el Bien Supremo o en la vida eterna. Pero no es así, no creo en las verdes praderas del Señor, ni en los ángeles o arcángeles, ni en el cielo o en el infierno. No creo en nada. Para mí no habrá salvación.

Quizás sea por eso que la fortaleza con que afronto esto no es la misma que la que pueda mostrar su persona más cercana.

La muerte de un ser querido puede derivarse en dos situaciones totalmente diferentes; puede unir a las familias o por el contrario separarlas. Eso es algo que sólo el tiempo puede determinar.
El tiempo siempre tendrá la última palabra.


8 de Noviembre de 2009. Te fuiste apagando poco a poco y una parte de nosotros lo hizo contigo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Equilibrio.

Las decisiones importantes son las que te marcan. Y aquella fue una de esas. Intento mantenerme firme en ella, apoyándome siempre en las "ventajas" que me pueda proporcionar y aunque crea que me perjudica, lo estará haciendo sólo a corto plazo. Todos ganamos con el cambio.

No soy una persona consistente; que tenga el mismo ánimo dos días seguidos, que insista en sus planes en una misma semana o que tenga una opinión formada sobre alguien durante mucho tiempo.
Pero sí soy estable a largo plazo, tengo mas o menos una ligera idea de cómo me veo dentro de 11 años (pesando 150 quilos, viviendo sola en mi piso y siendo devorada por unos pastores alemanes - esta broma la entenderán muy pocos).
Que sea una desequilibrada no quiere decir que no sea estable. Soy igual que hace 5 años y lo seguiré siendo dentro de otros 5 (creo que esto ya lo dije en otro momento, pero lo repito para que quede claro... o para convencerme a mí misma)

Me levanto cada mañana, con más o menos ganas, y me propongo no pensar en el pasado bajo ningún concepto, no recordar nada haciéndo uso de mi favorable amnesia temporal y no flaquear en ningún momento.
Me propongo fijarme más en lo que tengo cerca, dedicar más tiempo a lo que está llegando y a lo que está por llegar darle la bienvenida con una sonrisa y no echarlo a perder con mi mala uva.

Nunca se me dió bien mentir, no soy lo suficiententemente original e ingeniosa para inventar historias creíbles y fiables. Lo que hago es inventar historietas sobre la marcha cuando ya me han pillado, y me rodeo de trampas para que el castigo sea mayor y mucho más dolorosa la culpa cuando me vea acorralada.

Voy tirando con lo que tengo, me apaño con lo que está a mano. Pero quiero más.
Aunque, por suerte, puedo permitirme el lujo de decir que no importa lo nublados que sean los días, porque tengo a quien me alegre. No importa lo oscuras que sean las noches, porque tengo a quien me acompañe.

El romanticismo no es ni tampoco ha sido nunca lo mío, a decir verdad, rehúyo de todo aquello que me pueda parecer empalagoso o relativamente repelente, pero no rechazo algún que otro detalle de vez en cuando. Que me sorprendan con comida china a domicilio a la luz de una vela, hacerlo en la alfombra del salón o que me dediquen una simple canción hace que se mantenga la llamita encendida y se me salte alguna que otra lagrimilla.